La situación provocada por la pandemia de coronavirus afectó directamente a un importante número de futbolistas locales que, peso más, peso menos, recibían un importe económico por ser parte de alguno de los planteles de la Liga Cultural de fútbol o por jugar en algún club en un Torneo Federal. Sin embargo, al no haber actividad ese dinero les dejó de ingresar en sus bolsillos y el golpe, para algunos, fue más que importante.
No obstante, no se quedaron parados. Y viendo que el fútbol estaba lejos de volver, miraron para adelante y pusieron en marcha un emprendimiento o se la «rebuscaron». En algunos casos con el sostén familiar o de algún amigo.
Todo lo provocado por la pandemia y el aislamiento social, preventivo y obligatorio modificaron todo el calendario. El torneo de la Liga Cultural apenas había disputado una fecha, cuando se decretó la cuarentena, primero a nivel provincial y luego nacional.
Con todas las actividades paradas, los futbolistas siguieron entrenando desde sus casas, aunque sin el contacto permanente con sus compañeros. Hasta que desde hace un tiempo, las autoridades provinciales fueron habilitando algunas actividades, entre ellas el entrenamiento de fútbol. Aunque los clubes pampeanos por el momento no han podido retomar las prácticas grupales, ya que desde la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y el Consejo Federal no se lo permiten.
Ante toda la incertidumbre que genera la situación, y sin fecha cierta de regreso para la competencia, los futbolistas se ganan el mango de alguna manera extrafutbolística. Los rubros van desde la cadetería, pasando por la peluquería, la venta de indumentaria, librería o hasta dando una mano en el mismo club que los alberga.
El misionero Javier De Olivera llegó en 2014 a Santa Rosa para reforzar el plantel de General Belgrano en el Torneo Federal «A», donde estuvo hasta 2017. Luego vistió las camisetas de Guaraní Antonio Franco, Talleres de Remedios de Escalada y en 2019 jugó en Deportivo Uriburu.
Esta temporada había arreglado su regreso a General Belgrano. Es uno de los tantos jugadores que vive exclusivamente del fútbol. Sin embargo, todo este parate lo llevó a emprender, y con el acompañamiento de su novia, puso un centro de fotocopiado en el Barrio Esperanza.
«Emprendimos un comercio con mi novia. Un centro de fotocopiado, con artículo escolares, librería, mochilas. El parate del fútbol complicó un poco las cosas, porque uno contaba con un ingreso extra, ya que lo entraba del Club, era para el día a día», contó De Olivera en diálogo con LA CHUECA.
El defensor, uno de los referentes del plantel del Tricolor, reconoció que la librería también tuvo que permanecer «un mes y medio cerrada», pero destacó que «no fue complicado» como en otros rubros.
«Al ser un negocio apuntado a los colegios, no paró la actividad porque el fotocopiado lo aprovechamos bien. No nos podemos quejar, porque hay gente que lo ha pasado peor. Tengo compañeros que su solo ingreso es el fútbol y la están pasando mal. Si bien el cierre temporal nos complicó en el negocio, no me puedo quejar», recalcó De Olivera.
El misionero agregó que «uno se va adaptando siempre a las urgencias». «Algunos por ahí tenemos herramientas, tengo el apoyo de la familia de la mi novia y arrancamos este emprendimiento junto con ella. Le metimos pila y pudimos armar todo. Otros jugadores se van adaptando, van haciendo changas de lo que pueden, haciendo cosas para vender o algunos venden ropa», agregó De Olivera.
El futbolista manifestó que si bien no son grandes los números que se manejan en el fútbol a nivel local «para los que dependían de ese ingreso es complicado» y resaltó que todos están «ansiosos porque vuelva el fútbol por dos motivos: deportivo y económico».

Peluquería.
En los últimos tiempos, varias peluquerías de la ciudad cuentan con deportistas, futbolistas y basquetbolistas, al frente de las mismas. Y uno de los que emprendió en este rubro fue el defensor de All Boys Ezequiel Roque.
El futbolista contó que a fines del año pasado comenzó a realizar el curso, aunque todavía no había comenzado con el emprendimiento, teniendo en cuenta que el Auriazul en el primer semestre de 2020 estaba afrontando el Torneo Regional Federal Amateur y el certamen de la Liga Cultural. Sin embargo, la pandemia de coronavirus frenó todo el deporte.
«Siempre me gustó la peluquería, me llamaba la atención y me anoté en el curso. Esto es pensando en un futuro, porque de fútbol no me queda mucho, ya estoy grande. Es para generar un ingreso más», contó el futbolista, otro de los tantos que emprendió un camino paralelo al deporte.
Cuando la pandemia frenó la actividad futbolística, el ingreso que recibía desde el club dejó de ser abonado. Por eso, para poder juntar la plata y pagar el curso de peluquería comenzó a vender ensaladas gourmet con su señora, mientras comenzaba a incursionar en la peluquería con algunos cortes.

Comidas.
El «Melli» Antú Hernández estaba jugando en Sansinena de Cerri, el Torneo Federal «A», cuando se decretó la cuarentena. Luego de esperar un tiempo, y ante la suspensión de los torneos nacionales, regresó a Santa Rosa.
El pasado 30 de junio, su vínculo con Sansinena se le terminó, como a tantos otros futbolistas pampeanos, que tenían contratos. Igualmente, el «Melli» es optimista que cuando todo se reanude pueda volver a la entidad de Cerri.
Mientras espera que la actividad vuelva, comenzó un emprendimiento y se lanzó a la venta de comidas rápidas, en compañía de un conocido. «Arrancamos algo con un amigo, la madre cocinaba. Yo había tenido una cantina, trabajé en el boliche y me conocen un montón», destacó el Melli.

Indumentaria.
El rubro indumentaria es otro en el que han incursionado los futbolistas locales. El cordobés Fabián Giaccone, que está desde agosto de 2019 en General Belgrano, es otro de los tantos jugadores que vive del fútbol. «Por no tener el extra del fútbol, invertí en vender zapatillas», le contó a este medio el delantero oriundo de San Francisco, que actualmente vive en la pensión del Tricolor.
Giaccone vive en la pensión junto a su compañero de equipo Gabriel Morales. El oriundo de Ingeniero Luiggi estaba trabajando con la sexta división de Belgrano, hasta que la pandemia frenó toda la actividad.
Con el regreso paulatino de algunas actividades, como el cestoball y el básquetbol, la dirigencia del Tricolor le ofreció «un laburito» para poder tener un ingreso extra. «Recibo las declaraciones juradas de los deportistas y controlo la entrada y salida de los mismos y de los profesores, para que se cumpla todo lo que se baja desde Provincia y Nación», contó Morales.
Más allá de tener que rebuscárselas en este tiempo de aislamiento, los dos futbolistas destacaron el acompañamiento que les brindó el club. «Se porta de 10, porque nos da la casa y la comida», destacaron ambos y resaltaron que «en forma de agradecimiento» para con la institución pintaron y acomodaron la pensión.

¿Ventaja?
El futbolista de Belgrano Javier De Olivera expresó su deseo de que “todo vuelva a la normalidad” y agregó que es “una picardía” que desde la Asociación del Fútbol Argentino y el Consejo Federal no le permitan a los clubes pampeanos entrenar “por depender de Buenos Aires”. “Me parece absurdo, hasta medio estúpido. Qué ventaja podríamos sacar, capaz que van por el lado de los Federales, no se qué ventaja se puede sacar, siempre las ventajas son para ellos. No me parece ventaja poder entrenar, me parece absurdo que no se pueda y más en las ligas locales”, destacó el misionero.

Fuente: La Arena.

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